sábado, 29 de octubre de 2016

La iluminación

La Iluminación es una fiesta que los rumanos celebran en la noche de 31 hacia 1 de noviembre. En Transilvania, para estas fiestas, los cementerios se transforman en sitios iluminados por las luces de las velas encendidas en memoria de los que pasaron en la eternidad.
En el calendario greco-católico, la Iluminación se llama La fiesta de todos los santos. Aunque es una fiesta greco-católica se celebra también en Transilvania por toda la población indiferentemente de la religión (ortodoxos, católicos y protestantes).

En la tradición ortodoxa, la Iluminación es una fiesta del antiguo culto de los muertos. En 31 de octubre la gente va al cementerio, donde arregla las tumbas de sus seres queridos, para que en el día de 1 de noviembre traigan flores y recen para los almas de los durmientes. Conforme las leyendas, en la noche de 1 de noviembre las puertas del cielo se abren y los muertos vienen a visitar a los vivos. La celebración no es una triste, al contrario, es el único día del año en el cual la gente sonríe en el cementerio. Con esta ocasión, la alegría por sentir de nuevo las almas de los seres queridos que ya no están aquí excede la tristeza. En el suroeste de Rumania hay la leyenda de Samedru, un pastor sobre el cual se decía que bloquea el verano y hace que se caigan las hojas de los arboles. En el día de después del día de Samedru, llamada Los Yayos Grandes o Yayos de otoño, se traen ofrendas para las almas de los muertos.

fuente: http://jurnaluldenordvest.ro
Hace mucho tiempo, en el Sábado de los Muertos se solía cortar un árbol, que se quemaba en la noche de 25 hacía 26 de octubre. De esta manera, el Fuego de Samedru era el símbolo de la muerte y de la resurrección  marcando el comienzo de un año nuevo. Al Fuego de Samedru participaba toda la comunidad, indiferentemente de la edad. Un papel muy importante lo tienen los niños y los chicos que elegían el árbol del bosque, lo cortaban   y lo limpiaban. Después el árbol se llevaba al lugar de la quema, se cubría de abeto y se sentaba en posición vertical. Al anochecer los niños encendían el fuego, mientras que las mujeres compartían limosna, como en una funeral. Mientras el árbol quemaba, la gente comía, cantaba y bailaba. Este momento representaba el renacimiento. Al volver a casa, la gente cogía las cenizas y el carbón y los espolvoreaban sobre la tierra y jardines marcando de esta forma el inicie de un nuevo año pastoral, que tenía dos fechas importantes - día de Samedru (San Demetro, 26 de octubre) y el día de Sangeorz (San Jorge, 23 de abril). Una parte de la tradición aún se conserva hoy en día: las ovejas salen a comer para la fiesta de Sangeorz y vuelven a casa para Samedru.

Los elementos comunes se encuentran también en la tradición celta, en la cual en la noche de 31 de octubre hacia 1 de noviembre, que se llama Samhain (fin del verano) es reconocida como la celebración de todos los espíritus, de ahí resultando el nombre Halloween- All Hallow Even o El día de todos los Santos.
En el día de Samhain, los celtas celebraban el encuentro de las fuerzas de la oscuridad con las fuerzas de la luz y pensaban que la noche de 31 de octubre/1 de noviembre representaba un corte en el tiempo, en el cual los espíritus de los muertos pueden vivir entre los vivos. Los celtas solían disfrazarse con trajes para asustar a los espíritus malos. Esta noche sagrada era iluminada por el fuego que simbolizaba la unión de todos los corazones en el amor. Cuando apareció el cristianismo, Samhain cambió su nombre en El día de todos los santos, que se celebra el 1 de noviembre.

domingo, 10 de julio de 2016

Leyenda de la flor Nomeolvides


Según su etimología el nombre de la flor “Nomeolvides” proviene del francés “Ne m'oubliez pas” y se utilizó por primera vez en el año 1532. Como sentido el nombre proviene del espacio alemán donde muchos hombres tienen los ojos azules y las mujeres llevaban en su pecho como adorno estas flores para recordar a sus amados. (siglo XV)

Enrique IV utilizó esta flor como símbolo durante su exilio en 1398. 
Según una leyenda, “No me olvides” fueran las últimas palabras de un caballero dedicadas a su querida antes de hundirse en un río debido al peso de la armadura que llevaba.
Antes de convertirse en la décima provincia de Canadá en 1949, Newfoundland utilizaba la flor “Nomeolvides” como símbolo en memoria de la guerra de la nación. 
También la flor “Nomeolvides” es el símbolo de todos aquellos que sufrieron en nombre de la Francmasonería, especialmente en el periodo nazi. 


A continuación una leyenda rumana sobre esta bonita flor:

Cuentan que después de que hayan crecido todas las flores, la Hada de las Flores les dio un nombre olvidándose de una de ellas.
Las flores se pusieron contentas al recibir su nombre, sola una se quedó triste en un valle de un rio. Lloraba sin comprender por qué era menos querida que sus hermanas y sus lágrimas se mezclaban con el agua del rio.

Un dia, saliendo a pasear por el campo verde y lleno de flores, la Hada de las Flores llenó su corazón de alegría al ver que todas las flores le sonreian. Bajando la cuesta de la aldea hacia el rio se encontró con la triste florecita que no podia contener su lloro. Al verla le preguntó:

-       ¨Y tú, hermosa y delicada flor, ¿por qué lloras mientras todas tus hermanas se alegran?
-       ¨¿Y cómo no voy a llorar? Cuando todas ellas ya recibieron un bonito nombre y de mi te olvidaste.

      Al oir su respuesta, la Hada se asombró por haberse olvidado de darle un nombre justo a esa flor tan especial.
      - Mi querida flor, deja de estar triste… Atardecerá el sol y tú tendrás tu nombre…

Diciendo eso la Hada desapareció. Volvió al palacio donde se aconsejó con las demás hadas y, llamando allá a la flor olvidada, le dijo:

-       ¨ No olvidaste que no te di un nombre como hice con tus otras hermanas asi que, por lo tanto, a partir de hoy te llamaré “Nomeolvides”.


Y asi es que desde entonces esta bonita flor lleva el nombre de “Nomeolvides” en varios rincones del mundo.


fuentes:http://gradina.acasa.ro/plante-de-gradina-113/legendele-si-semnificatiile-florii-de-nu-ma-uita-184632.html
http://www.e-calauza.ro/?afiseaza=folclor_show&page=all&id=65

lunes, 29 de junio de 2015

Como hizo justicia Vlad el Empalador

Durante el reinado de Vlad el Empalador, un comerciante que viajaba en nuestras tierras dijo que había perdido en el camino una bolsa con mil lei. El prometió recompensar con cien lei al que la encontrara.

No paso mucho tiempo y un cristiano, con mucha fe en Dios como eran muchos rumanos en aquella época, se presentó ante el comerciante y le dijo:
- Señor mio, caminando por la calle en un cruce donde las pescaderias encontré esta bolsa. Yo pienso que es suya porque me enteré de que había perdido una.
- Cierto es; es mía y te agradezco por haberla traído.
El hombre comenzó a contar el dinero y a pensar como hacer para no tener que darle al pueblerino la recompensa prometida. Despues de acabar de contar, puso el dinero en la bolsa y dijo:
- Conté, querido mio y observé que tú ya apartaste la suma que te correspondía. En vez de mil lei solo habían novecientos. Y bien hiciste porque estabas en tu derecho.
- Señor comerciante, contestó el cristiano. Con maldad dice usted que le faltan cien lei. Yo ni siquiera abrí la bolsa para ver cuanto dinero había dentro. Tal como la encontré se la devolví.
- Pues verdad digo que perdí la bolsa con mil lei y me la devolviste con novecientos. ¡Es lo que hay! dijo el comerciante.
El hombre no dijo nada mas, salió y se fue directamente al príncipe para encontrar justicia.
- Su Majestad, dijo, no recibí los cien lei prometidos y no me importa tanto el dinero como el hecho de que sospecha que no soy buen hombre. Yo soy limpio como la plata y ni siquiera pensé en tocar lo que no es mio.

fuente wikipedia

El príncipe intuyó los trucos del comerciante y mandó que lo trajeran delante de él. Escuchando al uno y al otro y poniendo las palabras de cada cual en la balanza de la justicia se dio cuenta cual era el lado que más pesaba. Luego, mirando a los ojos del comerciante dijo:
-Si tú perdiste una bolsa con mil lei y este hombre encontró una con novecientos significa que dicha bolsa no era tuya. Tú, cristiano, coge la bolsa y devuélvesela al que diga que perdió una con novecientos; y tú comerciante espera hasta que alguien encuentre tu bolsa con los mil lei, la que dices que habías perdido.

Y eso es lo que pasó, porque no se podía de otra manera.
Vlad el Empalador juzgó. El comerciante perdió todo y se arrepintió toda la vida por ese acto inhumano cometido.



viernes, 22 de mayo de 2015

Historia de la tacita de té

Una pareja se fue de viaje a Inglaterra y en una tienda de antigüedades decidieron comprar algo para celebrar los 25 años de matrimonio que cumplieron. Tanto a la mujer como al hombre les gustaban las antigüedades y objetos de cerámica, especialmente las tazas de té. Observaron una taza excepcional y preguntaron: “¿Podemos ver esa tacita? ¡Nunca vimos algo tan bonito!”

Mientras la dependienta les enseñaba lo que pidieron, la tacita de té empezó a hablar: -Vosotros no podéis comprender. Al principio no fui una taza de té.

Una vez fui solamente un trozo de arcilla roja. El maestro me cogió y me dio vueltas, me amasó varias veces y yo grite: “¡No hagas eso!”, “¡No me gusta!”, “¡Déjame en paz!”, pero él sonrió y me dijo suavemente: “¡Aún no!”. Luego, ¡ah! Me sentó en una rueda y me dio más vueltas. “¡Para!¡Me mareo!¡Me siento mal!” grité.

Pero el maestro sólo asintió con la cabeza y dijo en voz baja: “Aún no”. Me giró, me amasó y me moldeó hasta que obtuve la forma que quería y luego me metió al horno. ¡Jamás sentí tanto calor! Lloré, di golpes a la puerta… “¡Ayuda! ¡Sácame de aquí!”

Podía verle a través de una abertura y leer sus labios mientras movía la cabeza de un lado a otro: “Aún no.”
Cuando creía que ya no iba a aguantar ni un minuto más, la puerta se abrió. Con mucho cuidado me sacó y me puso en la estantería… empecé a refrescarme. ¡Oh, me sentí tan bien! “Bueno, así se está mucho mejor”, pensé.

Pero después de refrescarme un rato, me cepilló y me coloreó por todas partes… el olor era horrible. Pensé que me iba a ahogar. “¡Oh, por favor, para!” grité. Él negó con la cabeza y dijo: “Aún no.” Entonces me volvió a meter al horno. Pero ahora ya no era como la primera vez.  Era dos veces más caliente y sentía que me iba a ahogar. Le suplique. Insistí. Grité. Lloré… estaba convencida de que no iba a escapar. Estaba a punto de rendirme. Justo en ese momento la puerta se abrió, me sacó y me sentó de nuevo en la estantería donde me enfrié y esperé, esperé, preguntándome: “¿Qué va a hacer ahora conmigo?”

Una hora más tarde me dio un espejo y dijo: “Ahora mírate”. Y me miré.  “Esa no soy yo; esa no puedo ser yo… ¡Es hermosa! ¡Soy hermosa!  Él me habló suavemente: “Quiero que recuerdes, sé que te dolió cuando te giré, amasé, pegué, pero si te hubiera dejado sola te hubieras secado. Sé que te mareaste cuando te giré en la rueda, pero si me hubiera parado te hubieras hecho pedacitos. Sé que te dolió y tuviste calor cuando te metí al horno, pero si no te hubiera metido allá te hubieras roto. Sé que los olores no te hicieron nada bien cuando te cepillé y te di color pero si no te hubiera hecho eso nunca te hubieras endurecido. No hubieras recibido brillo en esta vida. Si no te hubiera metido al horno la segunda vez no hubieras sobrevivido mucho porque el fortalecimiento no hubiera durado mucho. Ahora eres un producto finito. Eres lo que tenía en mente la primera vez que empecé a trabajar contigo.”



La moraleja de la historia es la siguiente, según el confesor Arsenie Boca: “Dios sabe que hace con cada uno de nosotros. Él es el maestro y nosotros somos su arcilla. Él nos modelará, nos hará y nos expondrá a las presiones necesarias para llegar a ser buenas obras que cumplen con su buena y santa voluntad.

Cuando la vida nos parece dura y nos golpean y empujan sin piedad, cuando creemos que el mundo gira sin control, cuando sentimos un terrible sufrimiento, cuando todo nos parece injusto, hacernos un té y beberlo en la taza más bonita que tengamos y pensar en lo aquí dicho para poder hablar un rato con el maestro.


fuente del texto original: http://www.doxologia.ro/cuvinte-duhovnicesti/povestea-cescutei-de-ceai-spusa-de-parintele-arsenie-boca


viernes, 14 de noviembre de 2014

El Gran Lobo Blanco. Fiestas dedicadas al lobo.

Las leyendas sobre la misión de difundir el cristianismo de San Andrés cuentan que el apóstol fue enviado a “las tierras de los lobos”, donde fue acompañado y guiado en los territorios dacios por el Gran Lobo Blanco. Obviamente no hay inscripciones o documentos que reconstruyan el camino del apóstol Andrés en el norte del Danubio, pero las tradiciones populares relacionadas con su viaje son muy amplias. 

La mayoría establecen una conexión entre San Andrés y los  lobos. Él tenía el don de la curación de heridas y a través de las oraciones “ataba la boca de los lobos” protegiendo de esta manera a la gente y a su ganado. 

En la mitología rumana la gran riqueza de las creaciones del folklore relacionadas con el lobo se explica por el hecho de que este animal era un animal totémico de los dacios. Mircea Eliade, citando al gran historiador griego Estrabón, decía que la veneración de los lobos se refleja en la misma personalidad de los dacios que se consideraban lupinos.  “Por lo tanto, los dacios se denominaban a sí mismos antiguamente lobos o los que son como los lobos” (Mircea Eliade, Desde Zamolxis hasta Gengis Khan)

El lobo siempre fue considerado símbolo de los dacios y varias leyendas cuentan que el Gran Lobo Blanco, considerado el jefe de la manada, estuvo al lado de los dacios cuando cayó Sarmizegetusa. 

La leyenda cuenta que, en tiempos pretéritos, un sacerdote de Zamolxis recorría incansablemente las tierras de Dacia para ayudar a los necesitados, informando a los geto-dacios que el Gran Dios velaba por ellos. Sin ser viejo, ya tenía el pelo y la barba blanca como la nieve y la fe, el coraje y su fuerza eran conocidas no solamente por las personas y por el mismo Zamolxis, sino también por las bestias. El Dios, al darse cuenta del valor de su servidor, lo detuvo en las montañas para tenerle más cerca. 


Alejado de la gente, el sacerdote continuó sirviendo con la misma determinación que antes. Pronto las bestias llegaron a escucharle y considerarle su líder. Los lobos eran los que más le apreciaban, pues eran los únicos sin conductor; el hambre era el único factor por el que se quedaban juntos. 

Después de un rato, Zamolxis habló con su sacerdote y decidió que había llegado la hora de que le sirviese de otra manera, por lo que le convirtió en un animal. Pero no en cualquier animal, sino en la bestia más temida y respetada de Dacia: en un lobo blanco, grande y fuerte, otorgándole el sino de reunir a todos los lobos del bosque para defender el reino.

De este modo, cada vez que los dacios estaban en peligro, los lobos venían a ayudarles siendo suficiente por el aullido del Gran Lobo y, dondequiera que estuvieran, los lobos defendían a los dacios, sus hermanos. El Gran Lobo también era juez, castigando a los cobardes y traidores.


Un día, el Dios  llamó a su servidor, esta vez para darle la oportunidad de elegir por última vez si quería permanecer como lobo o retornar a su forma humana. Con todo el dolor que guardaba en su alma, sabiendo qué tiempos iban a llegar, decidió quedarse al lado de su Dios, con la esperanza de servir mejor a la región y a su gente. 

A pesar de la vigilancia de los dacios, de los lobos y del Gran Lobo Blanco, los romanos lograron penetrar y, cerca de la gran invasión, sembraron en las almas de los cobardes la desconfianza en el Gran Dios. Por lo tanto, algunos dacios empezaron a temer que el Dios no estaba de su lado en la gran batalla y los traidores, llenos de miedo, empezaron a matar a todos los lobos que salían en su camino con la esperanza de que uno de ellos fuera el Gran Lobo Blanco cuya cabeza podrían ofrecer a los romanos a cambio de sus vidas. 

Los lobos que lograron escapar retornaron a las montañas y no volvieron nunca más para ayudar a aquellos que los habían traicionado. El Lobo Blanco y Zamolxis se retiraron a la Montaña Sagrada desde donde miraron con dolor en sus corazones como los geto-dacios fueron derrotados por los romanos debido a la traición. 

Supuestamente, las viejas creencias y rituales de la población pre-cristiana se fusionaron en la nueva religión. Por ejemplo, la prohibición de trabajar en el día de San Andrés, el día prohibido por los lobos. La noche anterior a la fiesta de San Andrés (29-30 de noviembre) está señalado como día de Sabbat de los strigoi y lobos. Esa noche, especialmente en las aldeas, se practican aún rituales extraños para encontrar fácilmente protección contra todos los males, conjuros de bienestar e incluso hechizos de amor.

Ciertas costumbres relacionadas con el día de San Andrés como podar ramas de los árboles y la siembra de trigo en macetas, para conservarse para el Año Nuevo, recuerdan los viejos ritos agrarios. 
San Andrés es considerado líder del ganado y las bestias, protector de los rebaños, patrón y domador, el que “ata la boca de los lobos”. Estas cualidades míticas no se podrían asignar si la identidad simbólica entre los dacios y los lobos se hubiera borrado totalmente de la memoria colectiva. 

El lobo no participa en la vida de los humanos solamente con el nombre, sino también en diversas etapas de la vida de los mismos. Cuando nacen, los niños débiles reciben nombres de lobo para ser más fuertes como el mismo animal. En la meseta Luncai (distrito Hunedoara), tal como reveló la investigadora en etnografía y etnología Lucía Apolzan, algunos niños eran amamantados a través del pezón de una loba para recibir mágicamente poderes de ella. 

El lobo también está presente en los ritos de iniciación de los valientes. El animal se ofrece siempre a ayudar al héroe que tiene dificultades, pero con una condición: el protagonista nunca puede casarse. 
El último momento de la vida humana en el que participa el lobo es el tránsito del alma desde este mundo al otro. El lobo es en este caso un guía. 

Asociando el lobo con el dios de la luz, Zamolxis, los dacios jóvenes, durante su preparación e iniciación como guerreros, consideraban que deberían adquirir la inteligencia, coraje, habilidad y afán de luchar del lobo, vistiéndose ritualmente con pieles de este animal. No por casualidad la bandera de los dacios reunía simbólicamente una cabeza de lobo y un cuerpo de serpiente que representaba la idea  cíclica de la existencia universal, la vida y la muerte, el principio y el fin, la luz y la oscuridad, el finito y el infinito.




El calendario popular ancestral, que para la mayoría de nosotros sigue siendo misterioso o desconocido, fue durante milenios paralelo con las fiestas cristianas, lo que demuestra no solo la cantidad de las tradiciones milenarias, sino también la existencia del pueblo  (geto-dacio) en la antigüedad en esta región. 

En noviembre hay varios días que veneran al lobo y que llevan el nombre genérico de Filipii de Otoño. Esta temporada empieza con el día del lobo (13 de noviembre), sigue con Gadinetii (12-16 de noviembre), Felipe el Cojo (21 de noviembre) y finaliza con San Andrés (30 de noviembre). 

Gadinet es el nombre de la divinidad del lobo, y los Filipii son personificaciones divinas del mismo. Las creencias populares dicen que en este periodo las lobas bajan a los pueblos y deambulan por los patios, buscando brasas en la basura que las hace ser más fértiles.

El día 21 de noviembre se celebra la entrada en la iglesia de la Virgen María, llamada también Madre de la Luz. Especialmente a las mujeres se les aconseja amar las virtudes cristianas, para ser humildes, mansas y bondadosas.

Esta celebración de la luz corresponde en el calendario popular con la celebración de una divinidad de los lobos, Felipe el Cojo o Felipe el Grande que había sido castigado por Dios por haberse desviado de la fe verdadera.  

Se dice que en este día mágico aquellos con alma pura pueden entender el lenguaje de los animales y ser testigos de los milagros. De madrugada, según la leyenda, florece la milagrosa flor de las bestias, que ablanda el hierro y abre cualquier cerradura.

Las fiestas finalizan con el Día de San Andrés. Las costumbres de la noche del 29-30 de noviembre son una mezcla entre la fiesta cristiana y los antiguos rituales de los dacios, el pueblo asignándole a San Andrés características de divinidad precristiana, convirtiéndose en la personificación divina del lobo solar.

Entre los ermitaños de los Cárpatos circula una leyenda según la cual el último sacerdote de Zamolxis había conocido a Jesús y al apóstol Andrés. Ellos hablan sobre un “misterio” de la conversión de los dacios al cristianismo mantenido durante el tiempo y pasando de un monje  a otro como expresión de la continuidad de la fe en estas tierras.

En la noche de San Andrés, que es la primera noche del nuevo año de los dacios, se abren los cielos, ya que se encuentran lo visible con lo invisible, la luz con las tinieblas, se renueva el tiempo, muere el caos y nace armonía entre el hombre y el universo. Ahora la fuerza del lobo es más intensa que nunca. Se dice que en esta noche, los espíritus malignos llamados strigoi, moroi o pricolici (hombre lobo) tienen más poder que el resto del año y acechan a las personas para hacerles daño. 

Por lo tanto se toman medidas para prevenir estos males. Se hornean muchas placinte con calabaza y tortillas con harina de maíz, se cepillan las puertas y ventanas con ajo y se ocultan las guadañas. La gente evita salir a las calles, quedándose en casa donde están protegidos por los ajos y la luz de las velas.  Los jóvenes organizan una fiesta en la que “vigilan” el ajo. 
placinta con calabaza
ajos en las puertas

También en la noche de San Andrés, debido a la delgada línea existente entre los mundos se deshacen secretos, se revelan autores de crímenes o robos. Se hacen predicciones para el próximo año: si la noche es clara y cálida habrá un invierno suave y si hace frio el invierno será duro.

Por supuesto que hoy en día muy pocas personas siguen estas costumbres, pero eso no significa que debieran perderse porque representan la gran riqueza de costumbres ancestrales. 


fuente del texto original (parcial): http://www.vatra-daciei.ro/din-legendele-dacilor-povestea-marelui-lup-alb/

jueves, 16 de octubre de 2014

Leyenda Fuente del valle Posaga

Erase una vez en el valle Posaga una hermosa muchacha,  como arrancada del sol, con ojos negros como las moras y rostro blanco como la espuma lechosa. Era hija de un pastor y solía vigilar el rebaño de ovejas de su padre mientras subía el valle. 

Vivía en aquel tiempo, cerca de esos lugares un chico pastor, alto y bravo. Los dos  jóvenes se enamoraron enseguida y ¡Dios mio, que bien se veían juntos!

traje regional de la zona Posaga


Sin embargo, parece que en el libro de sus destinos estaba escrito de otra forma. El padre de la chica, un hombre viejo y avaro, no quiso escuchar el deseo de los enamorados y echó de casa al muchacho debido a que el chico no tenia ninguna fortuna para ofrecerle una vida a su hija. 

El pastor se fue y anduvo errante por el mundo  sin que nadie supiera que penas llevaba. Después de unos años, cuando volvió con su propio rebaño de ovejas, descubrió que su querida amada había muerto. La había matado la añoranza y se había secado como se seca la flor sin el rocío que le da vida. 

En la cabecera de la tumba había crecido un bonito árbol. El pastor  hizo un silbato de la madera del árbol y empezó a tocar por la noche en el cementerio canciones tan tristes que se te rompía el corazón. 

Al final no pudo aguantar más el dolor que le invadía el pecho atormentado por tanta tristeza y se petrificó, volviéndose de piedra que incluso hoy en día llora derramando lagrimas en memoria de su amada perdida. Desde esa piedra salen lágrimas bajo la forma de un hilo de agua rápida y cristalina, la fuente Valle Posaga.



viernes, 15 de agosto de 2014

Oh, Madre




Oh, Madre

Te rogamos fuerte

Escucha siempre

Nuestra gran suplica:

No dejes, Madre

Que nos perdamos en el camino

Porque somos los hijos

De tus lágrimas.

Cuando bajo la cruz llorabas

Madre de los dolores

Te recibimos como madre

Nosotros y todo el mundo.

Navegantes en el mar

Eternamente turbio

Hemos puesto en ti

Toda nuestra esperanza.

Tú eres la estrella del mar

Y haces que todo pase.

De los que a ti rezan

Nadie se ahoga.

Haz que llamemos siempre

A tu compasiva puerta

Mientras en el mundo

Las olas nos llevan.

Y cuando las nubes y la niebla

Van a oscurecer el cielo

Ven, tú, Madre

A enseñarnos el camino.

Lleva el barco

Entre las rocas y las olas

Para dejarnos salir al puerto

De las orillas eternas.

Oh, Madre

La más preciosa flor

Haz de las lágrimas

Flores del valle.

Sálvanos de las pasiones

Y de los malos deseos

Y cámbianos en puros

Lirios del valle blancos.

No dejes, Madre

Que nos perdamos en el camino

Porque somos los hijos

De tus lágrimas.


jueves, 24 de julio de 2014

Leyenda del pueblo rumano.

Hace mucho tiempo vivía en estas tierras una madre que tenía muchas hijas. Les puso nombres bonitos igual que la hermosura de la naturaleza, de los bosques, de las montañas y de las aguas: TRANSILVANIA, MOLDOVA, BUCOVINA, CRISANA, MUNTENIA, OLTENIA, DOBROGEA. La  mujer también tenía dos muchachos. Uno se llamaba MARAMURES y el otro BANAT.



Pero por desgracia, de vez en cuando, pasos desconocidos cruzaban el lugar y le raptaban una hija. La madre se ponía triste de dolor por cada una ya que las quería más que a su vida. Pero nunca lloró. Era imponente como un roble o como los Cárpatos que la rodeaban. Por eso, ella nunca temía y no se echaba para atrás. Sus antepasados  nunca tuvieron miedo, ni los inmortales dacios ni los atrevidos romanos. Así que luchaba para recuperar a sus hijas y devolverlas a casa: a su gran Transilvania, a la Bucovina de los fagos, a la Dobrogea que tan cerca estaba del mar, a la juguetona Oltenia o a su ágil Crisana. Aun tenía a su lado a Moldova y a Muntenia y a sus valientes hijos.

Así, luchando incansablemente, logró traer a casa a sus hijas y se pusieron todos a su alrededor, como las ramas de un árbol majestuoso. Y cuando la mujer sintió a sus hijos a su lado, se puso tan contenta que rejuveneció de repente. Porque la unión le dio poder y la sed de justicia y libertad la hizo inmortal.    


TEXTO (metafórico) fuente: http://www.e-scoala.ro/Legende/romania.html


jueves, 17 de julio de 2014

Leyenda del príncipe Dragos. Fundación de Moldavia.

Erase una vez un príncipe llamado Dragos que vivía en la parte norte de la actual Rumania, denominada Maramures. Era un buen administrador y gobernante inteligente, pero también un gran cazador. Le gustaba mucho cazar bisontes, osos, ciervos y lobos.
La leyenda cuenta que, mientras iba a cazar por los bosques, oyó que sus hermanos, los rumanos del este que vivían en las valles de los ríos Siret y Prut, sufrían mucho debido a los robos y muertes provocadas por los tártaros. Este pueblo vivía solamente de guerras y de lo que robaban de otros.  Se sabía que nadie podía superarlos en cuanto a la equitación. Tenían caballos rápidos como el viento y luchaban con espadas curvas llamadas yataganes. Las flechas que disparaban de sus arcos eran terriblemente certeras.  Llevaban sobre sus cabezas grandes gorros, hechos de lana de oveja y se defendían con escudos redondos de hierro.
El líder de los tártaros se llamaba han. 
Entonces, Dragos decidió llamar a sus bravos de Maramures y atravesó las montañas para ayudar a sus hermanos a combatir en la guerra con los tártaros. En su camino, paso por delante de él un bisonte, más grande que un toro, con cuernos retorcidos, cuello grueso, pezuñas fuertes, pelo negro y largo, ojos grandes y feroces. 
Primero lo notó  su perra, llamada Molda. Y sintiéndolo, corrió tras él ladrando agudo.  Y aunque el bisonte era tan feroz, Dragos logró dispararlo con una flecha y después lo  hirió con su lanza. Herido y lleno de sangre, el animal siguió corriendo por el bosque con árboles altos. Incluso cruzó un gran rio; Molda, sin embargo lo siguió valiente con todas sus fuerzas. Pero el rio fue demasiado profundo y sus olas demasiado  rápidas, así que la pobre perra se ahogó. 


Cabalgando, Dragos y sus bravos pasaron el rio, golpearon al bisonte justo entre los cuernos y, finalmente, lo derribaron. Dragos disfrutó mucho de esta victoria pero se arrepintió por haber perdido a su fiel perra. Por lo tanto, en su memoria nombró a dicho rio Moldova. 
Luego, Dragos continuó su camino y ayudó a los rumanos de este lado del país para desterrar a los tártaros criminales. Al volver de la guerra, victorioso, los rumanos lo nombraron príncipe y lo eligieron para dirigir también dicha parte del país, a la cual llamaron también Moldavia.


martes, 1 de julio de 2014

Puente de los Mentirosos

Sibiu  (en alemán: Hermannstadt) es el mayor municipio y capital del distrito de Sibiu, de Rumanía. Es un importante centro económico y cultural de Transilvania y entre 1692 y 1791 fue capital del Principado de Transilvania. Posee el título de ciudad mártir. 

Fue fundado por colonos sajones en el siglo XII, que le dieron el nombre de Hermannstadt. En consecuencia, parte de su arquitectura es germánica. Según las estadísticas, el 1,6% de la población de Sibiu es de origen sajón. Antes de la Segunda Guerra Mundial era la ciudad más importante para la minoría alemana de Rumanía.

Uno de los puntos turísticos más interesantes de esta ciudad es el Puente de los Mentirosos, en alemán (Lügenbrücke), el primer puente de hierro forjado en el actual territorio de Rumania (1859).

Puente de las mentiras/Lügenbrücke, 2013. Foto: M. Califice

Hay muchas leyendas relacionadas con este puente.  Una de ellas cuenta que el puente estaría vivo, que puede sentir y tiene oídos, por lo tanto cada vez que alguien dice una mentira, empieza a gemir y a temblar y se derrumba, llevando los pies del mentiroso a la tierra. Los lugareños cuentan la versión del puente que se derrumba sobre la cabeza si se dice una mentira bajo su arco, como intentan tantos hoy en día. De todas formas, ya que sigue allí, la gente que cruza no se atreve a decir ninguna falacia. 

Otra leyenda relata que el puente era un lugar de castigo para los comerciantes mentirosos. La Plaza Menor de Sibiu era una feria y sitio de negociación muy famoso;  algunos compradores tras llegar a casa, se daban cuenta que habían sido engañados. Así que volvían y cogían a los comerciantes para tirarlos desde el puente, mientras de fondo se oían las risas de la multitud.  Un espectáculo justiciero que parece que haya funcionado, ya que se dice que después, cuando llegaban a Sibiu, a los comerciantes ya no les entraban ganas de engañar a la gente. 

Arnold Pancratz en “Die Gassennamen Hermannstadts“, 1935, explica el nombre del puente a través de las historias y leyendas orales que se contaban en este lugar en los días de feria. Era un lugar de charla y de difusión de las noticias locales, la mayoría inventadas y desarrolladas por las campesinas. 

También se cuenta que el puente era un lugar romántico donde se encontraban los enamorados. Los jóvenes se juraban allí amor eterno y las muchachas juraban que eran puras y vírgenes. Pero en la noche de boda se demostraba que algunas chicas eran unas mentirosas. Por lo tanto eran arrastradas hasta el puente, donde eran presentadas ante el público y arrojadas sobre la barandilla. 

También de naturaleza sentimental hay otra leyenda de cuando en Sibiu vivían muchos cadetes que estudiaban en la Academia Militar. Los chicos guapos en uniformes impresionantes representaban una atracción para todas las señoritas de la alta sociedad. Ellos se reunían en el puente con las jóvenes, prometiéndoles la luna, y luego dejaban que esperaran en vano el cumplimiento de sus promesas de amor.
¿Ustedes que opinan, se atreverían a decir una mentira al pisar dicho puente?